miércoles, 22 de junio de 2011

Scarlett Johansson Promesa de Felicidad

Lo bello promete la felicidad. Nietzsche.
El amor a uno solo es una barbarie, pues se practica a costa de los demas.  Nietzsche

martes, 21 de junio de 2011

Glosario de la "guerra contra el narcotráfico" en México Gilberto López y Rivas

El gobierno de Felipe Calderón ha trascendido en el ámbito noticioso mundial a partir de su anunciada guerra contra el narcotráfico. Como además resulta que recientemente anunció que no anunció lo que anunció, considero conveniente ofrecer un glosario de términos claves para mayor comprensión de los analistas extranjeros que frecuentemente se interrogan sobre la escalofriante y trágica realidad mexicana.
1) Guerra contra el narcotráfico. Eufemismo con el que se pretende ocultar: a) la estrategia de un usurpador para afianzarse en el poder; b) el emplazamiento del Ejército en todo el territorio como fuerza de ocupación represiva; c) el apoyo a uno de los cárteles frente a sus rivales a través de una carnicería sin fin; d) el incremento del enriquecimiento inexplicable de una buena parte de la jerarquía castrense, policiaca, judicial, religiosa y de la clase política en general; e) el afianzamiento de la injerencia y control de Estados Unidos sobre México; f) la criminalización de los movimientos sociales; g) la guerra social contra jóvenes y pobres y la guerra sucia contra los opositores. 2) Guerra sucia. Crimen de Estado que al margen de la Constitución tiene como propósito el aniquilamiento de los considerados enemigos internos por medio de su localización, seguimiento, captura, interrogatorio a través de la tortura, mantenimiento en cárceles clandestinas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas armadas, agentes policiacos, de inteligencia y grupos paramilitares que actúan bajo las órdenes –usualmente– de la sección segunda del Ejército. 3) Estado fallido: a) término utilizado para describir a los gobiernos trasnacionalizados y colaboracionistas que fallan en todas sus tareas sociales, mientras fortalecen sus aparatos y estrategias privatizadoras, desnacionalizadoras y represivas; b) también es utilizado para justificar la ocupación militar de países, obviamente humanitaria y democratizadora, de Estados Unidos, cuyos ejemplos más recientes son Irak y Afganistán.
4) Crimen organizado: a) empresa diversificada y floreciente que constituye la faceta clandestina y delincuencial del sistema –también organizado– de explotación imperante; b) corporación paralela que retroalimenta la economía formal a través de una constante circulación o flujo de efectivo; c) modus vivendi de al menos 500 mil familias mexicanas. 5) Comandante supremo. Grado que recurrentemente ostenta Felipe Calderón a través de casacas militares de tallas grandes, quepis de cinco estrellas y una águila, en ceremonias, ejercicios y desfiles marciales en los que expresa su vocación frustrada o su trauma por no haber jugado de niño con soldaditos de plomo. 6) Búnker presidencial. Costoso y supuestamente secretísimo espacio donde juega Felipillo a la guerra.
7) Vamos ganando la guerra. Estribillo repetido por el ocurrente comandante supremo ante el incremento anual en el número de muertes que hasta ahora ofrece más de 34 mil bajas en lo que va de su sexenio; esta declaración puede variar con otras frases igualmente ingeniosas y originales como la violencia viene de los violentos, haremos retroceder a la delincuencia, los mexicanos estamos en pie, etcétera. 8) Retén militar. Bloqueo en calles y carreteras del país utilizado por el Ejército para asesinar a civiles indefensos, a quienes sin excepción se culpa de ser parte del crimen organizado. 9) Daño colateral. Otro sarcasmo manejado por los voceros de Sedena y los medios desinformativos para justificar los asesinatos de civiles inocentes y desarmados, que incluyen una alta proporción de mujeres y niños y que son perpetrados por fuerzas militares o policiacas en enfrentamientos armados diarios.
10) Fuero militar. Permiso para matar; protección ilegal e inconstitucional para garantizar la impunidad de los militares en los numerosos casos de abusos y asesinatos de población civil. 11) Recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Documentos siempre condenatorios que las autoridades civiles y militares mexicanas tiran al cesto de la basura sin haberlos leído. 12) Iniciativa Mérida: a) negocio redondo de Estados Unidos y sus socios menores mexicanos en el que se otorga dinero al gobierno mexicano para que lo gaste comprando equipos, servicios y armas a empresas casualmente estadunidenses; b) medio a través del cual agentes de todos los servicios de inteligencia de Estados Unidos se establecen en México con funciones operativas sancionadas por la Constitución pero apoyadas abierta o solapadamente por el gobierno colaboracionista de Felipe Calderón.
13) Armada de México. Cuerpo castrense –los marines mexicanos– afín a Estados Unidos, cuyos comandos operan cuando en una plaza en pugna el Ejército está tan involucrado con los chicos malos que no resulta confiable; se espera que en poco tiempo este grupo de elite tampoco sea confiable. 14) Procuraduría General de la República, Secretaría de Seguridad Pública y Agencia Federal de Investigación. Organismos costosos e inservibles para contener el avance del crimen organizado, las ejecuciones de los cárteles de la droga en México y garantizar una seguridad pública efectiva, profesional y respetuosa de los derechos humanos de los ciudadanos; por esta razón, el comandante supremo utiliza a las fuerzas armadas que –como se ha demostrado en estos cuatro años– tampoco pueden con la delincuencia organizada, incrementan en gran número las ejecuciones sumarias, no garantizan la seguridad pública de extensas regiones del país y, sobre todo, no respetan los derechos humanos. 15) Estadística aplicada. Incremento sostenido en: a) la cantidad mensual de muertos por violencia en México; b) los ingresos irrestrictos de la industria y el comercio de armas en Estados Unidos.
¡No más sangre!

Coordenadas históricas del intervencionismo de EU en México Gilberto López y Rivas

México es el único país del capitalismo del subdesarrollo que tiene una frontera territorial con Estados Unidos, la cabeza hegemónica del sistema imperialista mundial. También es un caso singular en América Latina por haber tenido lugar una guerra convencional entre ambas naciones (1846-1848). Es significativo que Joel R. Poinsset, primer embajador estadunidense en nuestro país, se distinguiera por su injerencia en los asuntos nacionales y su insistencia en adquirir las provincias norteñas o internas, que después fueron ciertamente conquistadas por la fuerza de las armas y entregadas formalmente a Estados Unidos a través del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en febrero de 1848.
Gastón García Cantú, en su libro clásico Las invasiones norteamericanas en México (Editorial ERA, 1971), cita la opinión de Félix María Calleja, comandante de la brigada en San Luis Potosí y gran conocedor de las provincias internas, quien ya en 1808 consideraba que Estados Unidos, por su proximidad, intereses y relaciones deben ser siempre nuestros enemigos naturales y permanentes. También su obra ofrece una cronología que se extiende de 1799 a 1918 en la que se detallan 285 acciones de agresión a nuestro país, antes de la Independencia y durante la República, que comprenden: planes de ocupación temprana de territorios novohispanos-mexicanos; expediciones armadas con milicias o aventureros; captura de goletas de bandera mexicana y prisión ilegal de sus tripulantes; sublevación de colonos anglos contra el gobierno con fines separatistas; secuestro y vejación de soldados acantonados en la frontera; actos de filibusterismo con la toma de poblados y el ingreso constante de tropas yanquis a territorio nacional; robo de ganado, saqueos y quemas de casas protegidos por autoridades de ese país; intervenciones diplomáticas con demandas inaceptables y violatorias de la soberanía; presencia de buques de guerra y desembarco de marines en varios puertos del Golfo y del Pacífico, etcétera. García Cantú sostenía que la política con respecto a Estados Unidos era uno de los parámetros para caracterizar el desempeño del gobierno en turno.
Así, aunque México comparte con Cuba, Nicaragua, Haití, República Dominicana, Panamá, Argentina, Paraguay, Puerto Rico, Guatemala, Granada y Honduras invasiones, ocupaciones y ataques militares directos, sin contar las operaciones clandestinas sufridas en ésos y otros países de America Latina, la larga frontera común ha dado pie a considerar a nuestro país como un caso paradigmático del ya secular intervencionismo estadunidense en el mundo entero.
Lázaro Cárdenas, fundador del Movimiento de Liberación Nacional, en la declaratoria final de la Conferencia latinoamericana por la soberanía nacional, la emancipación económica y la paz, que tuvo lugar en marzo de 1961, afirmó: La fuerza fundamental que bloquea el desarrollo de América Latina es el imperialismo estadunidense. Su estrecha alianza con las oligarquías nacionales, los ruinosos efectos de su penetración económica y cultural, lo señalan como causa principal del estancamiento general que prevalece en la realidad latinoamericana. La derrota del imperialismo es condición fundamental de cualquier plan de desarrollo para nuestros países.
No existe acontecimiento importante de la vida nacional contemporánea en que Estados Unidos no haya estado involucrado negativamente. Desde el golpe de Estado de Victoriano Huerta contra Madero, en el que el embajador de ese país jugó un papel determinante; la invasión y ocupación militar de Veracruz durante varios meses, en 1914, y el robo de los ingresos de la aduana, nunca restituidos; el ingreso de tropas en la fracasada persecución de Francisco Villa en Chihuahua en 1916; el llamado Tratado de Bucareli, por el que Álvaro Obregón se comprometía a pagar indemnizaciones a estadunidenses afectados por el movimiento armado revolucionario (1910-1917) y obligaba a no aplicar retroactivamente el artículo 27 constitucional en lo relativo a las compañías petroleras estadunidenses; su activa presencia en el movimiento estudiantil-popular de 1968, analizada en el documental del canalseisdejulio La conexión americana, a través del numeroso personal de su embajada, una de las más grandes e importantes del mundo.
La oportuna publicación de los documentos de Wikileaks, en La Jornada, ha puesto al desnudo los alcances actuales de esa intervención diplomática, militar y de organismos de inteligencia en los asuntos nacionales, y ha exhibido el colaboracionismo del gobierno de Felipe Calderón, quien emulando a Santa Anna ha entregado la soberanía a sus mentores estadunidenses, al igual que sus antecesores priístas y panistas. El Tratado de Libre Comercio (TLC), la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (Aspan) y la Iniciativa Mérida constituyen los documentos de capitulación formal de México frente a su contraparte estadunidense al incorporar a nuestro país –en condiciones de dependencia económica estructural, sin consultar a los pueblos y con la obsecuencia omisa del Senado– a la economía estadunidense y a la política belicista y de terrorismo global de Estado que George W. Bush impuso al mundo y que Barack Obama con sus acciones políticas y militares desarrolla a plenitud.
El grupo Paz con Democracia, en su Llamamiento a la nación mexicana, advertía en noviembre de 2007 sobre el proceso de ocupación integral que ha refuncionalizado nuestra nación al proyecto globalizador y hegemónico del imperialismo colectivo que hoy domina una inmensa región del mundo, encabezado por Estados Unidos de América. Cuatro años después, ese proceso se profundiza y extiende y, sin duda, constituye el reto más temible para cualquier proyecto de nación que surja de las profundidades del México de abajo.

La Comuna 1871, París capital insurrecta (Gilberto López y Rivas. La Jornada)


En el 140 aniversario del establecimiento de la Comuna de París, el ayuntamiento de la capital francesa montó una impactante exhibición en su histórico edificio de gobierno (Hôtel de Ville), del 18 de marzo al 28 de mayo de este año: La Commune 1871, Paris capitale insurgée. Por medio de fotografías, documentos, pinturas y cédulas museográficas, complementados por conferencias de especialistas, conmemoró ese efímero pero trascendente “asalto al cielo”, el primer gobierno autogestionario de los trabajadores en la época contemporánea. La exhibición contaba con una introducción: París combativo y humillado, que cubría el periodo de septiembre de 1870 a febrero de 1871, en el que Napoleón III declara una guerra contra Prusia que lo hace capitular y provoca la caída del imperio; la proclamación de la República; el sitio de los alemanes sobre la capital, defendida por las milicias ciudadanas organizadas en la Guardia Nacional que se niegan a aceptar la rendición incondicional. Es el París patriota y republicano, de la defensa nacional, que se rebela frente al sometimiento de la Asamblea de Versalles. París libre e insurreccionado y la formación de la Comuna se inician el 18 de marzo, cuando Adolfo Thiers,”jefe del Poder Ejecutivo de la República Francesa”, ordena el envío de tropas para el rescate de los cañones emplazados en Montmartre y comprados por los habitantes de la ciudad por suscripción popular. Oficiales y soldados se niegan a disparar sobre la multitud y fraternizan con los insurrectos, fusilando incluso a dos de los generales que venían al mando. El Comité Central de la Guardia Nacional se instala en el Hôtel de Ville y convoca a elecciones para el gobierno de la Comuna el 26 de marzo. Se eligen 83 miembros con un perfil social excepcional: 33 obreros, cinco pequeños patrones, 14 empleados y 12 periodistas, artistas y miembros de las profesiones liberales, con el acompañamiento de activistas blanquistas, que forman el elemento motor, los revolucionarios independientes y los miembros de la I Internacional. Se estima que al menos 300 mil parisinos, entre hombres, mujeres y niños, denominados”comuneros”, dieron sustento y participaron en el movimiento. La exhibición mostraba los decretos del gobierno revolucionario: autonomía de las comunas y alianza de las adheridas al pacto federal para garantizar la unidad francesa; autogestión de las fábricas abandonadas por sus propietarios; laicidad del Estado; regreso de las herramientas empeñadas por los trabajadores; abolición del trabajo nocturno, la guillotina y los intereses de las deudas; establecimiento del derecho a la educación gratuita; igualdad de salario entre hombres y mujeres; concesión de pensiones a las viudas de los miembros de la Guardia Nacional; remplazo de la leva y el ejército regular por la integración de las milicias populares a través de la Guardia Nacional, entre otros. Dirigentes y seguidores de la Comuna daba cuenta de los nombres y fotografías de los más connotados líderes (incluyendo mujeres como Luise Michel), mientras que París de las barricadas: la capital construye sus defensas daba inicio con el decreto del 8 de abril que crea una comisión a cargo de la construcción de las barricadas; esto se hace posible con el trabajo conjunto de obreros bajo la dirección de jóvenes ingenieros unidos al movimiento. Más tarde, cuando las tropas de Thiers emprenden la represión, los comuneros levantan más de 900 barricadas en la batalla para defender su barrio, o simplemente su calle. La semana sangrienta: París a fuego y sangre es la sección en la que se narran los acontecimientos trágicos de los siete días que van del 21 al 28 de mayo, cuando son masacrados más de 20 mil parisinos por el ejército regular y tiene lugar la más importante destrucción de edificios y monumentos que la ciudad haya sufrido en toda su historia. Las ejecuciones masivas de federados se multiplican en todas las barricadas, reducidas una a una por la acción mortífera de las tropas, que inexorablemente avanzan en la toma de la ciudad. Los postreros combates se libran en el cementerio de Père Lachaise, donde son fusilados sumariamente los últimos insurrectos. Thiers ordena dejar en exhibición los cadáveres “como un espectáculo que servirá de lección.” París reprimido: arrestos, condenas y deportaciones da cuenta de las secuelas represivas que siguieron, con un estado de sitio que perduró por cinco años. Los miles de prisioneros, hombres, mujeres y niños, mantenidos hacinados en las cárceles existentes que, al rebasar su capacidad, son sustituidas por los primeros “campos de concentración” que se registran en la historia contemporánea. La mayoría de los miembros del consejo de gobierno son condenados a muerte o caen durante los combates, miles de personas son deportadas y sometidas a trabajos forzados en las más lejanas colonias francesas de ultramar, como Nueva Caledonia. La exhibición cerraba con París en ruinas, borrando las trazas de un drama, que mostraba el más importante conjunto iconográfico de los inmuebles incendiados durante la semana sangrienta, así como los esfuerzos de las clases dominantes por reconstruirlos como una “revancha” contra la memoria de la insurrección de los trabajadores de París. La construcción de la Basílica del Sagrado Corazón, en las combativas alturas de Montmartre constituyó una suerte de exorcismo para hacer desaparecer los demonios libertarios de las clases populares y recordar a la posteridad que la autoridad, el orden y la propiedad de los poderosos deben prevalecer, a cualquier costo. Flores rojas fueron depositadas en el Muro de los Federados, que perpetúa el recuerdo de los hombres y las mujeres que se atrevieron a soñar en un mundo de libertad, justicia e igualdad.

viernes, 17 de junio de 2011

Neoliberalismo y "gente común"

José Steinsleger
 
Cuando alguien escribe con énfasis que defiende a la gente común, en la mente de un lector con baja autoestima se dibuja una interrogante: ¿y yo qué seré? Pero si en plática con aquel alguien verbaliza la inquietud, se le dirá que también es parte de la gente común. El también suena interesante.
Distinto sería si el atribulado lector preguntase qué es la gente común. Entonces, sin mucho rollo (la gente común sería inmune a los rollos), el alguien le responderá: la gente común es la gente común.
Como el movimiento se demuestra andando (esforzada deducción), el alguien sale a la calle (vayamos sabiendo que la gente común circula por la calle) y plantea lo siguiente: “Señor/señora: ¿usted es gente común? Incluyendo el asesino serial a la espera de ser consultado, la respuesta difícilmente será negativa.
Científicamente, quedó probado que tod@s las personas se identifican con gente común. Incluyendo las que a diario, para sortear la crisis, meditan en la sugerencia del chef Jonathan Swift: almorzarse a sus propios hijos. Seguimos en las mismas: ¿qué es la gente común?
En otro lugar planteamos que el neoliberalismo y la posmodernidad (su ideología de punta) expresan algo más que un modelo económico. Ambos trastornaron el cacumen de versátiles legiones de izquierdas y derechas, pulverizando la noción de sentido en lo político, ideológico, social, institucional, histórico y cultural.
Tras mucho sembrar, la globalización excluyente cosechó múltiples contrasentidos. Tenemos, por ejemplo, a los neoliberales de izquierda (NI) y derecha (ND) que interpretan a la gente común.
V. gr. (por derecha): un presidente negro que defiende a la plutocracia blanca y legitima la guerra necesaria cuando lo galardonan con el Nobel de la Paz. Un calenturiento ex director del FMI que hasta su caída en desgracia fungía como candidato presidencial por el Partido Socialista francés.
V. gr. (por izquierda): movimientos sociales y personajes de ética probada que, por confusión ideológica (purismo, principismo), terminan siendo funcionales a las fuerzas que impugnan. O el supuesto de que el capitalismo salvaje y la violencia, serán conjurados a golpe de sombrerazos, y de cuanta causa noble exista.
Los NI presumen de simplicidad. Los ND de simplismo. Es claro que el primero no apoyaría al referido azote de la economía mundial y de las camareras de Nueva York. En tanto, el ND dirá que liderar el FMI y ser socialista pragmático no excluye ser eficiente y calentón.
Los ND descienden de San Agustín de Hipona, la piratería, los fisiócratas, la Santa Alianza, el estado de bienestar de Bismarck y Keynes, el movimiento eugenésico, el colonialimperialismo, el nazisionismo, la escuela económica de Chicago, el integrismo islamocristiano, la perestroika, la sicología conductista, el derecho-de-Israel-a-defenderse, el narco, la mano dura y las mafias bursátiles.
A su vez, los NI vienen de San Francisco de Asís, los gremios medievales, el buen salvaje de Rousseau, el falansterio de Fourier, la producción artesanal, el romanticismo, las cuatro internacionales de trabajadores, las ideas de Thoreau, la no violencia de última hora de Tolstoi, los hippies, el inconducente pacifismo de Gandhi, el acá y ahora de la sicología gestalt, la retorcida moralina de Camus, el 68 parisino, y la terapia de abrazar a los árboles para cargarnos de energía.
Los ND y NI no son iguales, pero mucho los iguala: rechazan los viejos relatos de la revolución francesa y bolchevique y el bolivarianismo, se avergüenzan de la historia nacional y enaltecen la extranjera, comulgan con las redes sociales digitales y, lobotomizados por la web, les resulta incómodo platicar cara a cara mirándose a los ojos. Por razones de salud individual y ambiental, no fuman ni permiten fumar, pero se atoran con tacos de chicharrón y cochinita pibil en doble tortilla.
En la gente común, los NI advierten un magma social capaz de trascenderse a sí mismo, y los ND un mercado de exclusión a lo bestia. Los unos invocan principios éticos y morales. Los otros se pasan estos principios por el arco de triunfo.
Los ND y NI rechazan las mediaciones que las sociedades articulan para regular la antropofagia ideológica, y frente a los gobiernos populares emplean iguales calificativos: reformista, populista, neodesarrollista, progresista. Si un líder equis recibe el apoyo de las mayorías y defiende sus intereses, los NI y ND (con distintos enfoques) dirán que la gente común comete un error.
Con melindrosidad, los ND y NI reclaman su derecho a sentir y pensar distinto. Y en efecto, sienten y piensan distinto. Los unos son agresivos, insensibles, crueles. Los otros son altruistas, inofensivos, bienintencionados. Pero el orden de los factores (a más de no alterar el producto) los hermana: sentirse inspectores y guardianes de la gente común.
Cosas que llevan a ejercer lo que rechazan: el autoritarismo, el paternalismo, la demagogia, el dogmatismo y el sectarismo, madre de todos los ismos. Paradoja: si los ND y NI no son iguales y aman a la gente común… ¿a causa de qué la subestiman tanto?

Las revoluciones contra las vanguardias

Raúl Zibechi
Las potentes movilizaciones que atraviesan el mundo están desbordando tanto democracias como dictaduras, regímenes nacidos de elecciones y de golpes de Estado, gobiernos del primer y del tercer mundo. No sólo eso. Desbordan los muros de contención de los partidos socialdemócratas y de izquierda, en sus más diversas variantes. Desbordan también los saberes acumulados por las prácticas emancipatorias en más de un siglo, por lo menos desde la Comuna de París.
Naturalmente, esto produce desconcierto y desconfianza entre las viejas guardias revolucionarias, que reclaman organización más sólida, un programa con objetivos alcanzables y caminos para conseguirlos. En suma, una estrategia y una táctica que pavimenten la unidad de movimientos que estarían condenados al fracaso si persisten en su dispersión e improvisación actuales. Lo dicen a menudo personas que participan en los movimientos y quienes se felicitan de su existencia, pero que no aceptan que puedan marchar por sí mismos sin mediar intervenciones que establezcan cierta orientación y dirección.
Los movimientos en curso cuestionan de raíz la idea de vanguardia, de que es necesaria una organización de especialistas en pensar, planificar y dirigir al movimiento. Esta idea nació, como nos enseña Georges Haupt en La Comuna como símbolo y como ejemplo (Siglo XXI, 1986), con el fracaso de la Comuna. La lectura que hizo una parte sustancial del campo revolucionario fue que la experiencia parisina fracasó por la inexistencia de una dirección: Fue la falta de centralización y de autoridad lo que costó la vida a la Comuna de París, dijo Engels a Bakunin. Lo que en aquel momento era acertado.
Haupt sostiene que del fracaso de la Comuna surgen nuevos temas en el movimiento socialista: el partido y la toma del poder estatal. En la socialdemocracia alemana, el principal partido obrero de la época, se abre paso la idea de que la Comuna de 1871 era un modelo a rechazar, como escribió Bebel pocos años después. La siguiente oleada de revoluciones obreras, que tuvo su punto alto en la revolución rusa de 1917, estuvo marcada a fuego por una teoría de la revolución que había hecho de la organización jerárquica y de especialistas su eje y centro.
En el último medio siglo han sucedido dos nuevas oleadas de los de abajo: las revoluciones de 1968 y las actuales, que probablemente tengan su punto de arranque en los movimientos latinoamericanos contra el neoliberalismo de la década de 1990. En este medio siglo han sucedido, insertos en ambas oleadas, algunos hechos que modifican de raíz aquellos principios: el fracaso del socialismo soviético, la descolonización del tercer mundo y, sobre todo, las revueltas de las mujeres, de los jóvenes y de los obreros. Los tres procesos son tan recientes que muchas veces no reparamos en la profundidad de los cambios que encarnan.
Las mujeres hicieron entrar en crisis el patriarcado, lo que no quiere decir que haya desaparecido, agrietando uno de los núcleos de la dominación. Los jóvenes han desbordado la cultura autoritaria. Los obreros, y las obreras, desarticularon el fordismo. Es evidente que los tres movimientos pertenecen a un mismo proceso que podemos resumir en crisis de la autoridad: del macho, del jerarca y del capataz. En su lugar se instaló un gran desorden que fuerza a los dominadores a encontrar nuevas formas para disciplinar a los de abajo, para imponer un orden cada vez más efímero y menos legítimo, ya que a menudo es simple violencia: machista, estatal, desde arriba.
En paralelo, los de abajo se han apropiado de saberes que antes les eran negados, desde el dominio de la escritura hasta las modernas tecnologías de la comunicación. Lo más importante, empero, es que aprendieron dos hechos enlazados: cómo actúa la dominación y cómo hacer para desarticularla o, cuando menos, neutralizarla. Un siglo atrás eran una exigua minoría los obreros que dominaban tales artes. Las rebeliones, como la que comandó la Comuna, eran fruto de brechas que otros abrían en los muros de dominación. Ahora los de abajo aprendimos a abrir grietas por nosotros mismos, sin depender de la sacrosanta coyuntura revolucionaria, cuyo conocimiento era obra de especialistas que dominaban ciertos saberes abstractos.
En algunas regiones del mundo pobre se produjo la recuperación de saberes ancestrales de los de abajo que habían sido aplastados por el progreso y la modernidad. En este proceso los pueblos indios juegan un papel decisivo, al darle nueva vida a un conjunto de saberes vinculados a la curación, el aprendizaje, la relación con el entorno y también la defensa de las comunidades, o sea la guerra. Ahí están los zapatistas, pero también las comunidades de Bagua, en la selva peruana, y un sinfín de experiencias que muestran que aquellos saberes son válidos para estas resistencias.
Este conjunto de aprendizajes y nuevas capacidades adquiridas en la resistencia ha tornado inservible y poco operativa la existencia de vanguardias, esos grupos que tienen vocación de mandar porque creen saber lo que es mejor para los demás. Ahora, pueblos enteros saben cómo conducirse a sí mismos, con base en el mandar obedeciendo, pero también inspirados por otros principios que hemos podido escuchar y practicar estos años: caminar al paso del más lento, entre todos lo sabemos todo y preguntando caminamos.
Lo anterior no quiere decir que ya no sea necesario organizarnos en colectivos militantes. Sin este tipo de organizaciones y grupos, integrados por activistas o como quiera llamarse a las personas que dedicamos nuestras mejores energías a cambiar el mundo, ese cambio no llegaría jamás, porque no cae nunca del cielo, ni es regalo de caudillos y estadistas esclarecidos. Las revoluciones que estamos viviendo son fruto de esas múltiples energías. Las detonamos entre muchos y muchas. Pero una vez puestas en marcha, la pretensión de dirigirlas a puro mando suele producir resultados opuestos a los deseados.

jueves, 9 de junio de 2011

La justicia en el pensamiento griego

Platón

En el sistema de la filosofía política de platón, el filósofo es el que ha de dirigir la polis, ya que es el personaje que ha alcanzado el grado de perfección en sus pensamiento (ha llegado al mundo de las ideas) a partir del cual se puede establecer un orden social armonioso, los otros ciudadanos estan llamados a la obediencia de las leyes y a ello se le llama justicia.

Es interesante seguir los diálogos que Platón presenta en el libro de la República y las tesis que exponen tanto Sócrates como Céfalo, pero es de mayor importancia la discusión establecida entre Sócrates y Trasímaco. La tésis de este último no sólo le da un matíz espacial a este diálogo, por momentos parece tomar por sorpresa a un Socrates desconcertado que hace gala de una capacidad retórica propia de un experto para poder superar el embate iracundo de Trasímaco , cuyo argumento: la justicia es lo que le conviene al más fuerte, detona el orden racional de la filosofía de Platón.